Alan Jones: por la vida siempre a fondo
En abril de 1980 El Gráfico visitó al piloto australiano para hablar de su vida. En su homenaje, la compartimos.

Alan Jones falleció a los 80 años. El piloto australiano, campeón de la temporada 1980 de la Fórmula 1, fue un protagonista destacado de la máxima categoría del automovilismo durante la primera mitad de los años ochenta.
Compañero de Carlos Alberto Reutemann durante la estadía del santafecino en Williams durante 1980 y 1982, ambos protagonizaron un polémico episodio en el Gran Premio de Brasil, el 29 de marzo de 1981, cuando el argentino desobedeció una orden de la escudería para que lo dejase pasar.
El Gráfico, varios meses antes de su consagración, lo visitó en su imponente casa de Ranchos Palos Verdes, en California. Hacía allí fueron el periodista Orlando Ríos y el fotógrafo Héctor Maffuche para conocer la vida del piloto que, desinteresadamente, abrió sus puertas y contó sus recuerdos.
En su homenaje, transcribimos completa la nota publicada en la edición 3158 del 15 de abril de 1980.

ALAN JONES: POR LA VIDA SIEMPRE A FONDO
Hijo de un corredor de Fórmula 1, aprendió a manejar antes que a multiplicar, fue campeón de Australia, empezó desde abajo en Europa y con sus propios medios se convirtió en ganador. Vive en Los Angeles, Francia y Sydney. Es el compañero de Carlos Alberto Reutemann, tiene dos amores -su familia y el
automovilismo- y una sola ilusión: ser campeón mundial.
ESCENA I
El niño ingresó al taller a toda velocidad llenando su boca con el sonido de un motor de carreras y parándose de golpe en una desesperada frenada a la Maserati 250 F que descansaba al fondo del amplio garaje, rodeada de otros autos deportivos.
"Alan, basta. Basta, ya te dije que es hora que vayas a estudiar, vamos que mañana te van a tomar la tabla del dos y todavía no la sabés. Vamos, andá a la oficina. Cuando yo termine te la tomaré". La voz partió de entre las entrañas del automóvil, mejor dicho de la imaginaría prolongación de dos piernas enfundadas en un mameluco verde que asomaban por el lado izquierdo de la Maserati.
"Sí, papá, está bien...está bien..."
El hombre tomó nuevamente la llave fija de 5/16 y mientras ajustaba las últimas tuercas de la caja de velocidad de su auto de carrera se quedó pensando un instante en su hijo: "Habrá que ser más duro con él. Ya sabe manejar pero estudiar no le gusta... Tendremos que ponerle condiciones".
Stanley Jones tomó entonces una decisión: si su hijo deseaba realmente el karting que le había solicitado con insistencia ese último año no debía fallarle en la escuela.

RECUERDOS I
"Tuve una infancia con gran felicidad. Mi padre era corredor y me llevaba con él a las carreras. Estoy hablando de los primeros años de la década del cincuenta. Además, con su Maserati 250 F ganaba muchas carreras locales y para mí era como un héroe. ¿Se imaginan? En el colegio, ante mis compañeros era tan famoso como mi padre, campeón de Australia en 1958 y ganador además del Gran Premio de Nueva Zelandia en 1954 frente a los "monstruos" de la F1. Tenía ocho años cuando de tanto ir al garaje a jugar me había olvidado de aprender a multiplicar. Y entonces me pusieron en vereda ofreciéndome algo que me apasionaba: un karting. Estudié, me lo dieron... y aquí estoy".
Alan Jones habla con pasión. Con firmeza, sonriendo mientras recuerda con alegría un tiempo que ya no volverá. Está sentado en uno de los enormes sillones de tapizado claro con bastones cruzados que ocupan la sala de estar de su casa de Ranchos Palos Verdes, California. Ese es su reducto entre enero y mayo, mientras el resto del vive en Francia y en su granja de Australia. Estamos 50 kilómetros al sur de Los Angeles, sobre un enorme cabo a más de 500 metros de altura sobre el nivel del mar, desde el que se domina todo el puerto de la ciudad, el mismo circuito de Long Beach, la bahía donde flota inerme el Queen Mary y allí, a lo lejos, los escasos edificios altos del centro de Los Angeles.
Para acceder a la exclusiva vivienda que comparte con su hijo Christian, de un año y medio, y su esposa, Beverly, hay que trepar una pronunciada colina y llegarse hasta el 1140 de Crownview. Luego, un sendero para coches, y tras pasar por una residencia -en la que vive su amigo Bill Simpson- se ingresa al hogar de Alan Jones.

ESCENA II
Stanley Jones está feliz. En 1973, a los 50 años, puede darse por satisfecho. Mientras intenta descansar en el jet que lo transporta desde Sidney a Londres hace su balance: ganador del Gran Premio de Nueva Zelandia en 1954, del Gran Premio de Australia en 1957 y campeón de su país en 1958, cuando tenía 35 años. Trabajó duro desde su adolescencia y subió peldaño por peldaño, desde mecánico hasta propietario de una agencia de automóviles. Ello le ha permitido correr y darle similar gusto a su hijo Alan, nacido en 1946. Campéon de karting de juniors entre los 13 y 15 años, Alan, ha comenzado a correr a los 16 con un Mini y ha progresado notablemente con sus consejos. En 1968, tras un año en Fórmula Atlantic, en Australia, ha viajado a Inglaterra. Allí está la verdad. Ese es el lugar donde podrá desarrollarse hasta ser, también, un ganador en la F1 y quizá, un campeón...¡Vaya sueño! Por ahora hay que conformarse con viajar para verlo correr en su primera carrera profesional de Fórmula 3, como piloto oficial de la nueva marca GRD. Lo que no imagina papá Jones es que jamás llegará a ver esa carrera...

RECUERDOS II
La muerte de mi padre fue el momento más triste de mi vida. Sufrió un repentino ataque al corazón mientras estaba en Londres aguardando mi debut de piloto a sueldo en la F3. Fue en abril de 1973. Yo iba a correr un sábado y él falleció el lunes anterior. Mike Warner, dueño de GRD, quiso retirar el auto de la carrera. Yo le dije que no. Mi padre había viajado para verme correr, y estaba seguro de que le habría disgustado que no largara. El era un viejo "tuerca". Me había enseñado todo lo que sé. Jamás alguien me dio consejos o me apoyó en forma tan útil como él. Yo estaba destrozado, pero corrí y después lo llevé de regreso a Australia...

REUTEMANN Y YO
Alan Jones es un hombre de agallas pero su tono baja y se oscurece cuando recuerda a quien fue el maestro que lo convirtió en lo que es hoy. Un piloto profesional poseedor de una garra y una fuerza acorde al físico robusto de movimientos aplomados que pasea por los boxes. Un hombre que tiene claros objetivos y que con su compañero de equipo, Carlos Reutemann, tiene una relación más que correcta, una relación que asombró a muchos que vaticinaban dificultades entre los dos.
"Mi padre me enseñó a ser humilde, a eliminar la soberbia. Nunca hizo grandes demostraciones cuando ganaba y siempre criticó y analizó conmigo los errores cuando perdía... Y eso me enseñó a pensar, a ser más técnico. Por eso con Carlos Reutemann nos llevamos bien profesionalmente. Puedo decir que nuestra relación es mucho más cordial de lo que esperaba. Hablamos sobre todos los aspectos de puesta a punto de los autos, sobre relaciones de caja, suspensiones, etc.
"Es verdad que él tiene un modo diferente de desarrollar el automovil pero ambos llegamos casi siempre a la misma conclusión. Carlos suele ensayar y poner el auto andando sólo a siete décimos de su capacidad y luego, ¡bum!, saca el tiempo. Yo siento de manera opuesta, ando siempre a fondo en los ensayos. No puedo hacerlo de otra forma. No sé. Hay pilotos que pueden suponer qué hará el auto cuando se lo exija a fondo guardándose un resto. Y hay otros que, como yo, sólo están satisfechos si lo exprimen hasta lo último cuando se está tratando de mejorarlo. Son simplemente estilo diferentes".

RECUERDOS III
No es novedad que Jones anda siempre a fondo. Desde que debutó en F1 en el Gran Premio de España de 1975 con un Hesketh se hizo notar por su manejo aguerrido, por su conducción, que en las primeras temporadas superaba siempre a los autos.
"Jamás pagué para correr. Y desde que llegué a Europa hasta 1976, en cada final de temporada vivía angustiado. No sabía qué auto me tocaría correr al año siguiente. Y para que me llamaran de equipos de primera línea sólo había una forma: jugarme el todo por el todo a pesar de tener una "batata" y, además, no romperla. Recuerdo que mis peores años fueron en 1971 y 1972: vivía en un sótano en Londres, con humedad y mucho frío. Para mí, un muchacho críado en la calidez de una ciudad abiera como Sydney era realmente asfixiante. Y cuando a fines de 1972 el gerente de la sucursal de Midland Bank, donde tenía mi cuenta, me llamó por teléfono y me solicitó que cancelara inmediatamente lo que debia a la institución, por estar sobregirado, casi salgo disparando desesperado. ¿Saben qué había pasado? Que habían cambiado de gerente y el que estaba antes era amigo mío y por su gusto por las carreras siempre me permitía dispones de algunas libras de "crédito". Pero me quedé, vendí mi seguro, acordé una refinanciación y pude permanecer un Europa. Menos mal, porque inmediatamente me contrataron de GRD".
Después llegó la F2 y la Fórmula 5.000 corriendo para March. Y en 1976 la estabilidad en un equipo de F1: el Surtees. Ese estilo de "exprimidor" de autos le valió para 1977 otro contrato aún más atractivo: cuando su continuidad en la F1 peligraba lo llamaron de Shadow para reemplazar a Tom Pryce, fallecido en Sudáfrica.

EL CAMPEONATO...
"La vida sin dudas tiene cosas extrañas. Todos esperaban que yo "matara" este año, que yo ganara el campeonato de F1 de punta a punta. Y ahora eso parece difícil. Pero también a mí me parecía a principios de 1977 que muy probablemente jamás volvería a correr en F1, y menos soñar con ganar. Pero allí quedó el lugar de Pryce. Y me tocó ganar una carrera como el Gran Premio de Austria con mil percances que afectaron a los que tenían autos de punta. Esa fue mi primera victoria. Pero las carreras son así. Uno tiene que ingeniárselas para estar "allí", para cuando haga falta. Por eso si quedara fuera de la lucha este año de ninguna manera me amargaré. Ya he pasado por momentos difíciles en mi carrera automovilísitca. Tardé ocho años desde que llegué de Europa en afianzarme en la F1 y conozco sus sinsabores. Si ello ocurre me tomaré todo con calma y seguiré como siempre".
Sí, la vida y el automovilismo tienen cosas extrañas. Como la del abandono de Jones en Inglaterra 1979, cuando dominaba ampliamente, dejando al número dos del equipo Williams, Clay Regazzoni. Pero enseguida llegaron las compensaciones: cuatro victorias -Alemania, Austria, Holanda y Montreal- que hicieron pensar que el campeonato de este año ya tenía nombre.
"Para mí, todavía nadie puede probarse la corona. Ni Piquet, Ni Arnoux, Ni Laffite, ni yo, Ni Pironi. Lo que no dudo es que la lucha será dura y para ganar habrá que andar a fondo. Como de costumbre".
Nota de El Gráfico: Alan Jones se consagró campeón de la Temporada 1980 de la Fórmula 1 el 28 de septiembre en el Gran Premio de Canadá. Fue su único título en la máxima categoría del automovilismo.

Fotos de portada e interiores: Archivo El Gráfico







































