De la violencia en el Mineirão al récord mundial: La verdadera historia de los 36 expulsados entre Claypole y Victoriano Arenas
A raíz del reciente escándalo con 23 tarjetas rojas en la final del Campeonato Mineiro, reconstruimos la histórica batalla del ascenso argentino que terminó con los planteles completos expulsados y un fallo del Tribunal que cambió el destino de ambos clubes.

El fútbol sudamericano volvió a ser noticia por un episodio de violencia extrema que ya marca un hito en las estadísticas del deporte. La final del Campeonato Mineiro disputada este domingo entre Cruzeiro y Atlético Mineiro terminó en una batalla campal que arrojó la cifra de 23 expulsados.
Tras una gresca generalizada que incluyó golpes de puño y patadas entre figuras como Kaio Jorge y Junior Alonso, el árbitro decidió enviar a las duchas a 12 jugadores del Cruzeiro y 11 del Atlético.
Hasta entonces, el partido en Brasil que había registrado el mayor número de expulsiones había sido el duelo entre Portuguesa y Botafogo, en 1954. En aquella ocasión, en el partido válido por el entonces tradicional torneo Río-San Pablo, el árbitro expulsó a 22 jugadores. De esta forma, el clásico de la final del Mineiro pasa a ser el nuevo récord de tarjetas rojas en ese país.
Sin embargo, a pesar de la magnitud de este escándalo, la cifra aún quedó muy lejos de la marca que ostenta el fútbol argentino: el récord Guinness de 36 expulsiones en un solo partido.
El origen de la hecatombe y el informe lapidario
Para entender la magnitud de aquel récord mundial, hay que retroceder hasta el 26 de febrero de 2011, cuando Claypole y Victoriano Arenas protagonizaron un enfrentamiento por la Primera D que pasó de lo deportivo a lo bélico en cuestión de segundos.
Aquel sábado, el Tambero se imponía por 2 a 0 en un clima de extrema tensión. La chispa que encendió el fuego fue una agresión de Rodrigo Sánchez, de la visita, hacia Jonathan Ledesma, de Claypole. Lo que comenzó como un cruce individual se transformó en una batalla campal que involucró a titulares, suplentes y allegados en pleno campo de juego. Ante el caos, el árbitro Damián Rubino tomó una decisión drástica y sin precedentes: calificó el hecho como una "gresca generalizada" e informó a los 36 futbolistas de ambos planteles.
Las consecuencias inmediatas fueron devastadoras. Los técnicos y dirigentes se mostraron desesperados; por un lado, Sergio Micieli (DT de Claypole) tildaba la medida de estupidez alegando que muchos habían entrado a separar, mientras que Domingo Sganga (Presidente de Victoriano) acusaba al juez de "lavarse las manos" y de esconderse mientras los jugadores casi se matan entre ellos. La realidad era que, reglamentariamente, ambos equipos se habían quedado sin jugadores para afrontar la siguiente fecha.
La AFA como escenario de una defensa inusual
Días después, la sede de la calle Viamonte fue testigo de una imagen surrealista: más de 30 jugadores amontonados en el hall central esperando para declarar ante el Tribunal de Disciplina.
La defensa de los clubes se basó en que una sanción masiva destruiría su futuro en el torneo. Mientras el capitán de Victoriano, Rodrigo Sánchez, reconocía haber intervenido para "defender a sus compañeros", Claypole se jugaba su última carta: presentaron un DVD con imágenes del partido.
Este video era el último recurso para demostrar que el informe de Rubino era, de alguna manera, injusto al no discriminar entre quienes golpearon y quienes intentaron apaciguar las aguas.
En ese momento, las fuentes del Tribunal eran pesimistas y aseguraban que "no iba a zafar nadie", manteniendo en vilo a todo el ascenso que veía cómo dos equipos estaban a punto de tener que jugar con sus divisiones juveniles.

El fallo final: Justicia selectiva sobre el reglamento FIFA
Finalmente, la tecnología de aquel entonces y el sentido común primaron sobre la rigidez del informe inicial. Tras ver el video, el Tribunal determinó que "no era trucho" el argumento de los clubes. En una resolución histórica, se decidió reducir los 36 informados a solo siete sancionados, permitiendo que el resto de los futbolistas fueran absueltos para evitar un daño irreparable a las instituciones.
El fallo fue contundente con los responsables directos. Rodrigo Sánchez recibió la sanción más dura con siete fechas de suspensión, señalado como el iniciador del conflicto. En Victoriano Arenas también fueron castigados Matías Pardo y Matías Laporte, mientras que por el lado de Claypole las penas recayeron sobre Nicolás Aranda, Adrián Cardozo y Alan Castro. El séptimo implicado fue Claudio Leiva, quien ya había sido expulsado durante el juego.
Lo que en Brasil hoy se vive como un escándalo de 23 tarjetas rojas, en Argentina sigue siendo el recuerdo de una tarde de furia donde, por un error de apreciación o exceso de celo, un árbitro llenó su planilla con 36 nombres, dejando para la posteridad una historia de violencia, un DVD salvador y un récord que, por ahora, parece imbatible.

EDICIÓN DE PORTADA: MATÍAS DI JULIO



































