Un 0 a 0 olvidable, defensas firmes y silbidos compartidos: el recuerdo del último clásico de Avellaneda en el Día de la Madre
Estea domingo volverán a cruzarse para cortar una racha de 27 años sin verse las caras en esta festividad.

El almanaque marcaba el domingo 17 de octubre de 1999, una fecha que reunía un doble componente emotivo: la celebración del Día de la Madre en la Argentina y la última edición oficial del clásico de Avellaneda en el siglo XX. Sin embargo, en el terreno de juego las intenciones quedaron truncas y la expectativa popular derivó en una profunda frustración colectiva.
En las tribunas del estadio Presidente Perón se había montado la habitual atmósfera de fiesta, con miles de hinchas que sacrificaron parte del almuerzo familiar para respaldar a sus colores. Pero dentro del campo la realidad transitó por un camino diametralmente opuesto. La propuesta de la dupla Gustavo Costas - Humberto Maschio en la Academia y el esquema dispuesto por Enzo Trossero en el Rojo terminaron anulándose por completo, entregando un desarrollo monótono, trabado y sin peso dentro de las áreas.
A lo largo de los noventa minutos, las defensas se impusieron con una autoridad abrumadora, en gran medida por la escasa creatividad de los encargados de generar peligro. En ese contexto de aridez futbolística sobresalió con nitidez la figura de un joven Gabriel Milito, quien junto a Sebastián Pena neutralizó cualquier intento del anfitrión. Racing no encontró los caminos: Marcelo Delgado batalló en soledad, Osvaldo Canobbio lució desconectado, mientras que ni Sixto Peralta ni José Chatruc lograron gravitar en tres cuartos de cancha.
El elenco visitante tampoco ofreció mejores alternativas. Con un mediocampo donde Esteban Cambiasso no logró hacer pesar su pegada y Marcelo Saralegui se abocó prioritariamente al orden táctico, el conjunto de Trossero casi no inquietó el arco local. Desasistidos y absorbidos por la zaga albiceleste, tanto José Luis Calderón como Bruno Marioni terminaron enredados en sus propios movimientos sin generar jugadas netas de riesgo.
El desenlace del cotejo representó con fidelidad lo ocurrido sobre el césped. Lejos de la euforia habitual de estos enfrentamientos, el pitazo final del juez desató una reprobación generalizada con silbidos de ambas parcialidades, unidas únicamente en el desencanto por el espectáculo ofrecido. Aquel opaco empate sin goles selló la despedida del clásico en la vieja centuria y además quedó registrado en las estadísticas como la última vez que Racing e Independiente se enfrentaron en el Día de la Madre hasta hoy, cuando volverán a cruzarse para cortar una racha de 27 años sin verse las caras en esta festividad.


































