Racing renovó el pacto de hazañas y locura con su gente
Con el triunfo agónico ante River se reflotaron las credenciales de equipo que se atreve a soñar con todo.
RACING TUVO OTRO DESENLACE DE PELÍCULA, de esos que los hinchas de cualquier equipo imaginan y que sólo parecen pertenecer al mundo de la ficción, pero que sin embargo se convierten en realidad y renuevan el pacto de hazañas y la simbiosis de locura entre el equipo y la gente.
En un partido contra River cargado de contenido extra por el morbo de la presencia de tres futbolistas que el fanático de la Academia considera "traidores", como Maximiliano Salas, Juanfer Quintero y Marcos Acuña, se dio el lujo de dar vuelta una historia y sentenciarla a segundos de un cierre que traía alargue y tal vez penales.
Para colmo, Juanfer, uno de esos villanos, no se puso colorado para poner el 2-1 que dejó atónitas a 50 mil personas empapadas por el baldazo de agua fría.
Pero entonces se reflotó el mismo espíritu de aquella noche de agosto, también en el Cilindro, cuando en el último suspiro el cabezazo de Franco Pardo enderezó el rumbo ineludible de los penales contra Peñarol para pasar a los cuartos de final de la Copa Libertadores.
Se reiteraron las corridas frenéticas, los gritos desaforados y los gestos ampulosos de un sufriente pero feliz Gustavo Costas, ese que vive como nadie cada partido y que hasta parece mucho más nervioso que el más nervioso de los que están en la tribuna.
El 3-2 de Gastón Martirena fue a los ponchazos, es cierto. Pero en el contexto luce mejor que un golazo. La enjundia de los de blanco y celeste ante la pasividad de los de rojo y negro se hace evidente y es todo un símbolo de lo que persiguen y cómo lo hacen unos y otros. Racing, con la fe ciega en el objetivo, concreta una nueva epopeya e invita, por vez número mil, a que su gente se ilusione.
¿Cómo no ilusionarse si uno de sus puntales, contra todos los pronósticos, no pido sino que exige ser titular en un partido clave apenas 28 días después de una operación en el rostro y utiliza una máscara que era lo único que le faltaba para convertirse en superhéroe? Sí: Santiago Sosa fue enorme figura en la batalla que marcó un nuevo Waterloo de Marcelo Gallardo en River, ese mismo entrenador que lo subió a primera y después lo descartó en 2021.
Con diez partidos sin derrotas en un Torneo Clausura en el que en un momento hasta se dudó de su clasificación a los playoffs, la Academia se alimentó de otra epopeya para hacer crecer, con toda lógica y justicia, un nuevo sueño de campeón.
Lloran los ánónimos en la popular y los célebres como Guillermo Francella en el palco. Todos, presos de una idéntica esperanza.




































