Futbolista se ofrece: la increíble historia de Daniel Herrero
En 1981 apareció un curioso aviso clasificado que El Gráfico se encargó de investigar

Alguien camina en una vereda de Buenos Aires, apurado por llegar a su trabajo, pero decide comprar un ejemplar del diario Clarín para enterarse de las noticias del mundo. Es el viernes 6 de febrero de 1981: el día anterior Carlos Alberto Reutemann había marcado el segundo mejor tiempo en las pruebas de clasificación del Gran Premio de Sudáfrica, que ganaría el día siguiente llevándole 20 segundos de ventaja a Nelson Piquet. El lector abre el diario, ojea los titulares, y en una página perdida, aparece un pequeño recuadro que dice: "MUY BUEN JUGADOR DE FÚTBOL se ofrece", seguido de un número de teléfono y un horario. Semejante aviso llama su atención y se pregunta: ¿Quién será este jugador?
A la semana siguiente iba a tener la respuesta en El Gráfico. Ahí aparecería el protagonista de esta historia: Daniel Ernesto Herrero.

El protagonista
Daniel Herrero nació el 19 de julio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Desde pequeño había mostrado habilidades para jugar al fútbol, llegando a probarse en las divisiones inferiores de Atlanta donde se destacó. Poco tiempo después, River se interesó por ese niño y pasó a jugar para el Millonario pero, a medida que entrenaba, de a poco comenzó a interesarse por otro deporte que terminaría siendo el que elegiría para destacarse: el hockey sobre césped. Debido a que en el club de Núñez no había un equipo para tal deporte, Herrero migró su talento a Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) donde los frutos no tardarían en aparecer: a fines de 1976, el club ascendió a Primera División del torneo metropolitano, tanto en las categorías Damas y Caballeros.
Esta pasión, descubierta a la luz del fútbol, le daría otras alegrías más: su talento lo llevaría a ser convocado a la Selección Argentina que disputaría los Juegos Panamericanos de San Juan de Puerto Rico, donde también destacarían Miguel Altube o Marcelo Garraffo. Argentina arrasó en esa competición alzándose con la medalla de oro venciendo en la final por 3-0 ante Canadá, e imponiéndose con autoridad en todos los encuentros de la fase de grupos. Este título les dio el boleto asegurado para jugar en los Juegos Olímpicos de Moscú en representación de América Latina.

Sin embargo, esta participación no se pudo concretar debido al complot occidental sobre el bloque soviético, confirmado en marzo de 1980, producto de la invasión a Afganistán en ese año. Por lo que su lugar fue tomado por Cuba, quien había finalizado cuarto en los Juegos de San Juan. Esto quebró el sueño de Herrero de representar a Argentina en un torneo olímpico. Menos de un año después, apareció el aviso clasificado.
El aviso
A pesar de que ofrecía sus dotes futbolísticas, Herrero era un completo desconocido para el público general. Al momento de publicar el aviso, Herrero tenía casi 26 años, pesaba 77 kilos y medía 1,79 mts, y seguía jugando en GEBA además de ser profesor de hockey en la misma institución. Para comprobar su manejo en el fútbol bastaba con ir los fines de semana al Parque Saavedra, cerca de su casa en la calle Burela 2570, donde practicaba con gente del "mejor nivel", según constan las notas de Daniel Galotto, el periodista de El Gráfico que lo entrevistó. Su puesto era el de mediocampista aunque también solía defender, pudiendo manejarse perfectamente con las dos piernas y adaptarse a cualquier puesto.

Herrero no tenía problemas económicos: trabajaba como vendedor en un aserradero (a comisión) y también poseía camiones que le daban dividendos. Entonces, ¿por qué se ofreció como futbolista? Herrero respondió: "Pensé mucho antes de publicar el aviso. Pero como ya no había más chances en el hockey, decidí dedicarme íntegramente al fútbol. Ya no tengo edad para andarme probando aquí y allá, por eso nació la idea. Podía parecer loco o ridículo, pero mis ganas de jugar se anticiparon a esos prejuicios. No tengo problemas de peso y como ahora soy profesor de hockey mantengo una cultura física permanente. He recibido muchos llamados de varios clubes, incluso de los grandes; aspiro a poder probarme y escencialmente a jugar, ya que no tengo problemas ni aspiraciones económicas grandes. Soy simpatizante de River Plate, al que sigo todos los partidos de entresemana; incluso en el '75 viajé a dedo a Rosario para ver la final contra Central". [se refiere a la fecha final del Torneo Nacional de ese año, jugado el 28 de diciembre, cuando River se consagró campeón ganándole 2-1 al Canalla]

La nota salió publicada en la sección "Jugo de fútbol", en la edición 3202 de El Gráfico del 17 de febrero de 1981 como "Un insólito aviso", en donde aparecía una foto de la producción realizada al jugador rodeado de niños. En el archivo se encontró la producción completa, con más de cuarenta imágenes, en donde se lo ve a Herrero practicando, charlando con el periodista, saliendo de su trabajo y mostrando su medalla de oro.
Lamentablemente, el destino de ese aviso clasificado -a pesar de las declaraciones del mismo Herrero- no tuvieron respuestas favorables, y su destino como futbolista culminó antes de empezar. Después, la información sobre qué ocurrió con él es practicamente nula. Hay una mención con su nombre siendo entrenador del equipo de hockey sobre césped del country Aranjuez, ubicado en Escobar, quienes en 2003 ganaron el torneo de la categoría 14-16 que organizaba la Asociación de Profesionales Docentes de Clubes de Campo (APDCC), y que la sección Propiedades del diario La Nación mencionó el 29 de noviembre de ese año.
NOTA DE EL GRÁFICO: Tras haber sido publicada esta nota, se comunicó con el autor Tati Herrero, hija de Daniel. Además de agradecer el recuerdo de su padre, ella puso en situación que nuestro personaje siguió trabajando durante toda su vida en GEBA, del mismo modo que hoy lo hace su familia, incluyendo la misma Tati. La anécdota del aviso clasificado fue algo que era parte de las charlas cotidianas. Daniel Herrero, lamentablemente, falleció el 17 de junio de 2008, a los 52 años de edad.

Foto de portada e interiores: Archivo El Gráfico







































