Maradona lo dirigió, fue tapa de El Gráfico por un gol histórico a Boca y hoy maneja un colectivo
De ser una de las promesas de Racing, tener a Diego como DT y quedar en la memoria de los hinchas por un gol que terminó con una racha de 20 años sin triunfos en La Bombonera a retirarse del fútbol a los 28 años y ser chofer de la línea 148.

Roberto Galarza tuvo una carrera que parecía destinada a grandes cosas. Debutó en Primera División con apenas 18 años, fue dirigido por Diego Maradona en Racing y quedó en la historia del club por un gol inolvidable en La Bombonera. Sin embargo, su presente transcurre lejos de las canchas: trabaja como chofer de la línea 148.
Su momento de gloria llegó el 16 de abril de 1995. Aquella tarde, Racing venció 1-0 a Boca en su casa y terminó con una racha de 20 años sin ganar en ese estadio. El autor del tanto fue Galarza, quien sacó un zurdazo desde afuera del área que, tras desviarse en Fabbri, terminó en el fondo del arco de Carlos Navarro Montoya.
"No merecíamos ganar, Boca nos peloteó. Encontré la pelota ahí, probé y entró", recordó "Kikí" en una entrevista con El Gráfico.
La conquista lo convirtió en el protagonista de la tapa de El Gráfico. Por entonces, también disfrutaba de una experiencia particular: compartir el vestuario con Maradona, quien lo dirigía en la Academia. "Diego fue una revolución. Para nosotros era una cosa de locos. Él me dio la confianza", contó.
Pero su carrera no tuvo el recorrido que imaginaba. Después de pasar por distintos clubes, atravesar problemas contractuales y sufrir dificultades para cobrar en su última experiencia en Costa Rica, decidió abandonar el fútbol profesional a la temprana edad de 28 años.

"Lo venía sintiendo, ya no quería saber más nada. Mi familia me decía que siguiera, pero veía que las cosas ya no daban para más", explicó sobre su retiro.
Lejos de los estadios, tuvo que empezar de nuevo. Durante cuatro años trabajó en la construcción junto a su cuñado hasta que, en 2011, encontró a través de su "amigo" Aníbal Fernández -ex Jefe de Gabinete Nacional-, a quien conoció durante su paso por Quilmes, una oportunidad laboral vinculada al transporte público. Así llegó a la línea 148, donde comenzó una nueva etapa de su vida.
"Yo con el trabajo que tengo estoy conforme, tengo mi plata y eso es lo importante. Estoy agradecido a Dios por la vida y toda la carrera que hice", contó sobre su nuevo oficio.

Su presente es muy diferente de aquel que imaginaba cuando soñaba con triunfar en el fútbol. Sin embargo, no reniega de su pasado: "Estoy orgulloso. No me arrepiento de nada. Era un pibe de barrio que me rompí el lomo y pude llegar".
La historia de Galarza es una muestra más de que no todos los futbolistas terminan entre los grandes nombres del deporte. Algunos conocen la gloria durante unos minutos y luego deben buscar otro camino. Él encontró el suyo al volante de un colectivo, aunque aquel zurdazo en La Bombonera todavía lo acompaña en cada recorrido...
Fotos: Gonzalo Colini / Archivo: El Gráfico







































