Racing de Avellaneda al mundo
El 4 de noviembre de 1967, con el zapatazo del "Chango" Cárdenas, Racing se convertía en Campeón del Mundo. El Gráfico estuvo ahí, presenciando el logro más grande del equipo de Juan José Pizzuti. Querido "Racinguista", pase y disfrute, esta joya de nuestra hemeroteca.

Después de varias décadas de alarde y ninguna concreción, el fútbol argentino se graduó de campeón del mundo por primera vez hace 59 años, el 4 de noviembre de 1967. Fue una tarde de sábado, en el estadio Centenario de Montevideo, cuando Racing venció 1-0 al Celtic de Escocia y ganó la Copa Intercontinental.
En el año 2007, reunidos en el Cilindro de Avellaneda cuatro décadas después, hinchas de Racing que viajaron a Montevideo, jugadores, un directivo y el técnico del equipo campeón reconstruyeron ante El Gráfico el relato de aquel partido en el que el gol iconográfico del Chango Juan Carlos Cárdenas cambió la historia del fútbol argentino.
EL RÍO CELESTE Y BLANCO
"La historia del gol del Chango Cárdenas en Montevideo comienza el 1º de noviembre en Avellaneda, durante la segunda final. La primera se había jugado el 18 de octubre en Glasgow y el Celtic había ganado 1-0. Ya en el estadio de Racing, yo estaba en el vestuario de los escoceses y me sorprendió que la entrada en calor del arquero suplente, John Fallon, fuera más intensa que la del titular, Ronnie Simpson. Cuando los jugadores entran a la cancha, Simpson acusa el impacto de una botella y se desvanece sobre el campo. Nunca nadie encontró el proyectil y yo mismo presencié cuando Simpson ingresó de vuelta al vestuario sin sangre ni nada extraño. Le ofrecí trasladarlo a un hospital, pero los escoceses se negaron. Me pareció raro, sospechoso. Al final, ese día atajó Fallon, quien se había preparado más tiempo que Simpson. ¿Era una farsa programada por el Celtic? Nunca se sabrá. Después Racing ganó 2-1 y a los tres días se disputó la tercera final en Montevideo, donde volvió a jugar Fallon, el del vuelo estéril en el gol del Chango" (Jorge Portella, directivo).
"Para trasladarse a Uruguay en barco era necesario darse una vacuna para no sé qué enfermedad. Íbamos a viajar tres amigos, pero ellos no tenían tiempo para asistir al centro médico. Y sin el comprobante de la vacunación, no te dejaban subir al ferry. Entonces fui al hospital con mi documento y los de ellos. Primero me presenté con mi DNI y me inyectaron. Al rato, mostré la identificación de uno de mis compañeros, Horacio Rueda, y volvieron a pincharme. Y a las dos horas regresé con la cédula del tercer hincha, Néstor Madeira, y me dieron la tercera vacuna. A la noche tenía 41 grados de fiebre, volaba, no entendía nada. Pero por Racing, todo" (Rubén Catalano, hincha).
"Viajé a Montevideo el viernes, 24 horas antes del partido. El puerto de Buenos Aires era una fiesta: ese día partieron cuatro barcos colmados. Y el sábado, bien temprano, salieron otros cuatro. El Río de la Plata era celeste y blanco; y eso que sabíamos que nos esperaba un ambiente pesado. Racing le había ganado la Copa Libertadores a Nacional y se decía que los uruguayos, para vengarse, iban a alentar al Celtic" (Antonio Cappa, hincha).
"La noche anterior a la final, ya en Montevideo, fuimos a la plaza Independencia, frente al hotel en el que se alojaba el Celtic, y cantamos hasta la madrugada. Tocamos los bombos, las bocinas e hicimos toda la bulla posible para los escoceses no pudieran dormir" (Hugo Álvarez, hincha).
"Decidí ir a Uruguay la misma mañana del partido. Y, claro, ya habían salido todos los barcos. Sólo me quedaba el avión, pero tampoco había pasaje. La única alternativa era alquilar una avioneta. Y eso hice. Fui al aeropuerto de San Fernando y pregunté si alguien podía salir ya mismo. Costaba una fortuna, pero con mi hermano no lo dudamos y contratamos un avión de seis plazas, el que usaban los de Carburando. Llegamos justo a Montevideo" (Enrique García Barbeito, hincha).







































