Diego Eterno

Dirige en Primera División y es el único que le atajó dos penales en un partido a Maradona

Una noche de verano en Liniers, un duelo de potencias y una estadística que desafió las leyes de la lógica terrenal.

Por Silvio Maverino ·

30 de octubre de 2026

Ocurrió en una época en la que el fútbol aún permitía la audacia de ir a la cancha sin más brújula que el azar y la urgencia de ver rodar la pelota. Sobre el césped, en el estadio José Amalfitani, un pibe de diecinueve años, de cabellera abundante y una zurda que ya empezaba a dictar sentencia, se disponía a alterar el orden establecido. Del otro lado, bajo los tres palos, un arquero aguerrido, de esos que forjaban su estirpe a base de reflejos felinos y caracteres de acero, se preparaba para una cita con la inmortalidad.

No era una final por los puntos ni definía un título continental. Era uno de esos amistosos de verano donde la tarde se estira perezosa y el público concurre a buscar una chispa de belleza. Sin embargo, el destino suele encapricharse con los detalles más insólitos. Esa noche, el destino quiso que la perfección técnica del ídolo chocara dos veces contra el mismo muro infranqueable. Dos ejecuciones, dos remates anunciados con la naturalidad de los elegidos, y dos atajadas de Julio Falcioni que congelaron el aliento de la tribuna.

Ningún otro especialista en el arte de adivinar intenciones logró jamás semejante proeza en toda la trayectoria del astro. Años más tarde, con la sabiduría que da el tiempo y ya transformado en un experimentado director técnico —actualmente al frente de Atlético Tucumán—, al protagonista de aquella hazaña le consultaron en el histórico cuestionario 100x100 de la revista El Gráfico si chapeaba con semejante pergamino. Su respuesta reflejó la humildad de los grandes y la magnitud de lo vivido: "¿Chapeás con los dos penales que le atajaste a Maradona en un partido? Eso fue un accidente del fútbol. Fue el día soñado por cualquier arquero: 1-0 y dos penales atajados. Y encima al Diego de Argentinos, que estaba en todo su potencial".

Mientras el folclore de las gradas retumbaba con canciones de época y chicanas picantes dedicadas al crack, el guardián tejía en silencio su estadística solitaria, un récord clandestino que resistió el paso de las décadas. Con los años, los botines gastados cambiaron por zapatos de DT y el buzo de arquero por el traje en la raya de cal, pero el casillero de aquella noche quedó intacto, inalcanzable para cualquier otro mortal. El día en que el genio absoluto encontró, por duplicado, a su sombra perfecta.

FOTO DE PORTADA: EL GRAFICO