Newells: un amor breve pero intenso: el paso fugaz y eterno de Diego Armando Maradona
Un repaso profundo por los agitados meses de Diego en la Lepra rosarina.
La aventura europea de Diego en el Sevilla había comenzado diez meses antes frente al Athletic Bilbao —el mismo equipo que lo había despedido cuando militaba para el Barcelona en la década del '80—, tras convencerlo el propio Carlos Bilardo de mudarse a un destino menos hostil y sin tantas exigencias tras su suspensión por doping en Napoli.
Sin embargo, las rispideces dirigenciales florecieron cuando Maradona presionó para jugar la Copa "Artemio Franchi" con la Selección Argentina. Haciendo caso omiso a las amenazas de la directiva, el Diez capitaneó a la Albiceleste el 24 de febrero de 1993 en Mar del Plata, donde vencieron por penales a Dinamarca para levantar el trofeo. El punto de quiebre definitivo llegó el 13 de junio de 1993 en el empate 1-1 ante el Burgos. Arrastrando una lesión en la rodilla, Bilardo le pidió que se infiltrara, lo que desató la furia íntima del jugador con un insulto al aire: "¡Hijo de puta, la puta madre que te parió!". Al advertir el enojo del astro por televisión esa misma noche, la tensión escaló hasta las trompadas en el entrenamiento del martes en Madrid, donde Claudia Villafañe y Marcos Franchi debieron separarlos. La sociedad en Sevilla estaba acabada.
De regreso a Buenos Aires, un relajado Diego evaluaba sus opciones a poco más de un año del Mundial de Estados Unidos para convencer a Alfio Basile de volver a convocarlo. Argentinos Juniors picó en punta, San Lorenzo irrumpió con el "Bambino" Veira y Oscar Ruggeri, y más atrás asomaba Newell’s.
Tras caerse la chance del Bicho por exigencias de barras y las trabas contractuales con el Ciclón, la gestión de Ricardo Giusti y las charlas diarias del técnico Jorge Solari terminaron por convencerlo. El 9 de septiembre firmó su contrato, abriendo paso a ciento cuarenta y cinco días que se volverían eternos.
El aeropuerto de Rosario fue un verdadero infierno de pasión y locura. Tras bajar del avión privado junto a su familia, Diego ingresó al vestuario del "Coloso" de impecable traje celeste y sin corbata para saludar uno a uno a sus nuevos compañeros —dándole un beso en la mejilla a Norberto Scoponi—.
El estadio estalló con la presencia de más de 35.000 personas en el primer entrenamiento del lunes 13 de septiembre, transformando un día hábil en una fiesta dominical. Entre la multitud de inferiores que formaron parte del recibimiento figuraban dos futuros campeones mundiales como un pequeño Lionel Messi de 6 años (quien recordó haber estado allí) y Lionel Scaloni de 15 años. Tras una vuelta olímpica, Diego compartió un reducido de 4 contra 4 junto a los referentes Juan Manuel Llop, Scoponi y Gerardo "Tata" Martino, culminando la tarde con una conferencia donde confesó: “Pocas veces en mi vida viví una emoción como la de esta tarde”.

Su estreno goleador se dio en un amistoso ante Emelec de Ecuador el 7 de octubre de 1993, con victoria por la mínima. El debut oficial llegó tres días después, el domingo 10 de octubre, en la Doble Visera frente a Independiente. Aunque Newell’s cayó por 3-1 ante el equipo de Jorge Pedro Marchetta con tres goles de Norberto Alfaro Moreno, Diego demostró estar en un óptimo estado físico (72 kilos) y rozó la genialidad con un antológico intento de rabona que le ahogó Luis Islas, además de confesar su eterna admiración por Ricardo Bochini.
Aquel Newell’s padecía más de lo que disfrutaba y marchaba último, lo que costó el ciclo de Solari, siendo reemplazado por Jorge Castelli. Paralelamente, el nivel de Diego le permitió regresar a la Selección para disputar el repechaje rumbo al Mundial ante Australia. De vuelta en el club rosarino, entre el 21 de noviembre y el 2 de diciembre disputó cuatro encuentros más (dos empates y dos derrotas), sufriendo un desgarro en la pierna izquierda ante Huracán que cerró su participación en el torneo.
El epílogo del ciclo tuvo condimentos de película caótica. A fines de enero de 1994, mientras el plantel se concentraba en Mar del Plata para disputar un amistoso ante el Vasco da Gama, Maradona desapareció de la concentración de la noche a la mañana, sorprendiendo a compañeros de habitación como Mauricio Pochettino. La tormenta institucional estalló a la par de la mediática: recluido en su quinta de Moreno, un asedio periodístico terminó con el Diez respondiendo a balinazos de aire comprimido y chorros de manguera para proteger a su familia.
El 1 de febrero de 1994, ante los incumplimientos contractuales y la imposibilidad de sostener la logística, el presidente Walther Cattáneo rescindió el vínculo. Fueron 5 partidos oficiales sin goles, con tres derrotas y dos empates, pero con un saldo emocional incalculable. Años más tarde, el escritor e ilustrador rosarino Roberto Fontanarrosa sintetizó con maestría el impacto de aquel paso insólito: “Lo de Maradona en su enunciación pareció que iba a ser muy grave. Y después casi resultó una broma al revés. Es como si el más encarnizado de tus vecinos comprara un Rolls Royce. Te mató. Y después no lo puede sacar del garaje”.





































