Las 10 del 10: las mejores fotos de Maradona en Argentinos
Entre 1976 y 1980, Diego pasó de ser una promesa de 15 años a convertirse en la mayor figura del fútbol argentino. Diez imágenes del archivo de El Gráfico retratan los comienzos de una leyenda que nació en La Paternal.

El 20 de octubre de 1976, un pibe de 15 años esperaba sentado en el banco de suplentes de Argentinos Juniors. Llevaba la camiseta número 16, tenía el pelo enrulado y estaba a punto de cumplir un sueño. Diego Armando Maradona ingresó en el segundo tiempo ante Talleres de Córdoba y, con un caño, empezó a escribir una de las historias más extraordinarias del fútbol mundial. Todavía faltaban diez años para la gloria de México, pero aquella tarde en La Paternal nació oficialmente el futbolista que cambiaría todo.
Aquel chico que había deslumbrado en Los Cebollitas no tardó en convertirse en la gran atracción de los domingos. La gente empezó a llenar las canchas para verlo a él, para descubrir qué nueva gambeta, pase imposible o gol extraordinario podía inventar. Argentinos Juniors dejó de ser un equipo que peleaba por mantenerse en Primera y comenzó a mirar hacia arriba. Diego tenía la pelota, el número 10 en la espalda y una responsabilidad enorme para alguien que todavía era adolescente.
Los números de aquellos años parecen inventados: 116 goles en 166 partidos, cinco campeonatos consecutivos como máximo goleador y un subcampeonato en el Metropolitano de 1980, la mejor campaña del club hasta entonces. Maradona todavía no había jugado en Boca, Barcelona ni Napoli, pero ya era un fenómeno nacional. En 1979 también había conquistado el Mundial Juvenil de Japón con la Selección Argentina. A los 19 años, el pibe de Villa Fiorito ya era una estrella.

Las fotografías del archivo de El Gráfico permiten recorrer aquella transformación. Está el Diego de los primeros partidos, todavía con cara de chico, y también el capitán que empezó a llevar la cinta en el brazo. Aparece con la camiseta roja, en plena carrera, frente a los arqueros rivales, en festejos de gol y rodeado de hinchas. Son postales de una época en la que el fútbol argentino comenzaba a rendirse ante un talento que parecía no tener límites.
En 1981, Maradona se marchó a Boca y dejó atrás el club que lo había visto crecer. Vendrían los títulos, los Mundiales, los goles inolvidables y la consagración definitiva. Pero en Argentinos Juniors quedó para siempre una versión irrepetible de Diego: la del pibe que todavía tenía todo por delante y jugaba como si la pelota fuera solamente suya. Estas diez imágenes de El Gráfico son un viaje a aquellos años, cuando el mundo todavía no conocía al mejor Maradona, pero La Paternal ya lo disfrutaba todos los domingos.

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