El grito postergado del sur: la tarde mágica en el San Paolo en la que Maradona condujo al Napoli hacia su primer Scudetto
Un recorrido completo por la era dorada: la gestación de un fichaje histórico, la consagración heroica de 1987, el hito del gol 100 y la gloria europea con la Copa UEFA.
El 10 de mayo de 1987, Diego Armando Maradona condujo a Napoli a obtener su primeiro Scudetto, desatando una fiesta sin precedentes en la historia del fútbol italiano, ya que el club del sur, postergado históricamente por los grandes equipos del norte, conseguía el título con el argentino como el gran artífice de un logro que lo coronó a la eterna idolatría de todo un pueblo.
El día de la consagración fue en la penúltima fecha de la temporada 1986-87, en el estadio San Paolo, donde el local empató 1-1 con un gol de Andrea Carnevale frente a Fiorentina, que tuvo como titular al argentino Ramón Díaz y que marcó a través de Roberto Baggio. En ese campeonato de 30 fechas, el Napoli se consagró ganador con 42 puntos, tres más que Juventus (que tenía en su plantel al francés Michael Platini y al danés Michael Laudrup), tras ganar 15 partidos, empatar 12, convertir 41 goles y recibir 21.
La llegada del mesías a la tierra prometida
Acalorado tras su primera recorrida por un desolado San Paolo que en poco tiempo rebosaría con el fútbol de su zurda, Diego Maradona ingresó al vestuario para refrescarse y lanzó un comentario que marcó el comienzo de su recíproco idilio con la ciudad: “Cabezón, esto es Argentinos Juniors”. Estas palabras dirigidas a su representante, Jorge Cyterszpiler, el 4 de julio de 1984, dimensionaron el destino que acababa de incorporarse a la vida del Diez.
Quebrado por el desprecio y la discriminación de una porción de los culés del Barcelona, con el recuerdo latente de una inoportuna hepatitis y tras sufrir la criminal patada de la "Bestia Negra" del Athletic, Andoni Goikoetxea, el astro arribó a Nápoles para convertirse en los cimientos de una obra construida con sus pases mágicos. Fue un flechazo instantáneo. harto de cierta aristocracia catalana, Nápoli significó para Diego un volver al pasado, a sus orígenes en Villa Fiorito.
Desde aquel 5 de julio en el que 80.000 napolitanos se dieron cita sólo para verlo juguetear con su inseparable pelota, en ese estadio San Paolo que un día antes había elegido como su templo, Maradona se erigió como el mesías de una ciudad humilde, popular y laburadora. Todo Nápoles lo elevó al altar de San Gennaro y, guiado por su santo en la cancha, el equipo del Sur se les plantó sin titubear a los gigantes del Norte, cosechando algo que jamás había soñado en su terrenal vida: dos scudettos, una Copa Italia, una Copa UEFA y una Supercopa de Italia.

El negocio del siglo y el mito del "paquete"
El amor incondicional entre el astro y el club se gestó en medio de una operación récord y una anécdota insólita que el ex presidente del club, Corrado Ferlaino, recordó años después. Tras firmar un contrato sumamente costoso —el más elevado del mundo en aquel momento—, Ferlaino relató el agotador viaje en avión privado desde Barcelona hacia Italia sin casi dormir.
Mientras aguardaba en el aeropuerto para emprender el vuelo de regreso, se acercó a un bar. El barman le consultó si era italiano y, al recibir como respuesta que era napolitano, lo miró con sorpresa para lanzarle una frase inolvidable: "Napolitano, qué casualidad, acabamos de hacerle una estafa a Napoli: le vendimos a Maradona, se llevan un 'paquete'".
Mientras bebía un whisky, el expresidente se atragantó con el comentario. Al pedirle una explicación, el empleado le aseguró que Diego estaba "gordo, acabado" y que por eso se lo sacaban de encima. Lejos de ser una estafa, Ferlaino entendió con el tiempo que hicieron la mejor negociación de la historia al pagar 10,5 millones de dólares por el pase más caro de la época. Durante las siete temporadas que vistió la camiseta celeste, el 10 disputó 259 encuentros, anotó 115 goles y aportó 78 asistencias.

La conquista de Europa y la promesa incumplida
La temporada 1988/89 marcó la consagración del club italiano en Europa. La obtención del primer título importante a nivel internacional del Napoli, con la Copa de la UEFA, trajo consigo el principio del fin del ciclo Maradona.
En la historia quedaron guardadas dos imágenes imborrables: una, el maravilloso calentamiento previo de la semifinal ante el Bayern Munich bailando con la pelota al ritmo de Live is Life; la otra, un detalle que pasó desapercibido y cobró relevancia cuando la relación comenzó a ser conflictiva, donde se ve a Diego hablando con el presidente Corrado Ferlaino mientras ambos sostienen la copa.
En aquel diálogo, uno dice: "Ya está. Hice todo lo que tenía que hacer. Puedo irme", a lo que el otro responde: "Hoy ganamos. Hay que seguir ganando. Y para seguir ganando tenés que continuar en el club". En el medio de esa felicidad y de los logros había una promesa incumplida. Diego acató y continuó, sabiendo que los tiempos que vendrían serían tormentosos, pero consolidando al Napoli no sólo como el capo de Italia, sino también pisando fuerte en Europa de la mano de su factor determinante.
El gol 100 y el eco eterno de un idilio insustituible
El 18 de febrero de 1990, en una tarde fría pero soleada correspondiente a la fecha 25 del campeonato italiano, Diego Armando Maradona llegó al gol número 100 con la camiseta del Napoli en su propia casa, el estadio San Paolo. El rival fue la Roma, a la que el equipo napolitano se impuso por 3 a 1 con un tanto de Careca y dos de Maradona, ambos de penal, siendo el primero el centenario de su cuenta personal. En aquel torneo, que Napoli terminaría ganando en la última fecha con dos puntos de ventaja sobre el Milan, Diego acumuló 16 goles.
La devoción popular hacia su figura trascendió lo estrictamente deportivo. En medio de una desigual lucha racial y económica entre el Sur empobrecido y la opulencia del Norte, Diego devolvió el orgullo a los napolitanos, reflejado en cánticos inolvidables como "Oh, mamà, mamà, mamà, Maradona, innamorato sto" y en el fervor inquebrantable de una hinchada que lo convirtió en un mito viviente. Como bien sintetizó el escritor Roberto Fontanarrosa al hablar de su paso por el fútbol, la huella del Diez en Nápoles se convirtió en un refugio eterno donde la pelota, la pasión y la gloria se elevaron a su máxima expresión.
Las tres estaciones del Napoli (Por Marcelo Orlandini en 2003).
El Purgatorio (1926-1984): Previo a la llegada del Diez, las vitrinas del club apenas registraban dos consagraciones en la Copa Italia (1961/62 y 1975/76). Por allí pasaron figuras como Enrique Omar Sívori, el holandés Ruud Krol y los brasileños Dirceu y Vinicio, pero el equipo peleaba relegado frente a los gigantes del Norte.
El Paraíso (1984-1991): La época dorada bajo el liderazgo de Maradona. Con más de 85.000 tifosi reventando el San Paolo, el club ganó el primer histórico scudetto y la Copa Italia en la temporada 1986/87, la Copa UEFA en 1988/89, y un segundo scudetto junto a la Supercopa de Italia en la 1989/90.
El Infierno (1991-2003): La etapa más oscura tras la salida de Diego, marcada por la drástica caída en la concurrencia al estadio, graves problemas financieros, embargos, deudas millonarias con el plantel y un doloroso paso por las categorías de ascenso que amenazó con extinguir la identidad del club.




































